Los típicos granitos que salen en nuestra piel como consecuencia del calor o de algún roce, las rojeces propias de la ropa o las líneas de expresión que surgen en nuestra cara como consecuencia del paso de los años son algunos de los problemas más típicos que podemos encontrarnos en nuestro rostro y en la piel del resto de nuestro cuerpo.

Tratarlos es sencillo. Sin embargo, para hacerlo de la manera correcta es importante que tengamos en cuenta nuestro tipo de piel. Ya que en base a la misma, tendremos que actuar de un modo o de otro antes de poder atajar este tipo de problemas tan comunes. 

 

Piel grasa

La piel grasa es un tipo de piel más común en nuestra sociedad. Identificarla es muy sencillo, y es que si es tu caso seguro que has notado cómo existen muchos brillos en tu rostro, y en el resto de tu cuerpo. Este tipo de brillo es consecuencia del exceso de sebo en nuestro organismo, que provoca que nuestro rostro aparezca muy brillante, que nuestros poros estén dilatados y que asumen el protagonismo una gran cantidad de imperfecciones como las espinillas o los puntos negros. 

Cuando tienes la piel grasa, cuidar de ella es mucho más sencillo de lo que parece. Sin embargo, es importante que tengas en cuenta que para cuidar los problemas derivados de este tipo de piel, la limpieza es una de las mejores herramientas por las que podemos optar. Especialmente, es importante que intentes evitar lo relacionado con los aceites, así como el exceso de alcohol o cualquier otra sustancia que pueda afectar a tu rostro, pues puedes resercarla demasiado y hacer efecto rebote. Es muy importante limpiarla a diario e hidratarla, pues la hidratación es aporte de agua a tu piel, no de grasa.

En cuanto al uso de cosméticos, es importante que trates de utilizar aquellos que sean capaces de llegar a las capas más profundas de la piel, con el objetivo luchar contra las bacterias resultantes del exceso de sebo. 

 

Piel seca

Al contrario de lo que ocurre con el caso anterior, la piel seca se caracteriza por tener un rostro áspero y grueso. Este tipo de pieles cuentan con una importante falta de hidratación, por lo que es importante que en el momento de cuidarla tengamos los cosméticos necesarios y adecuados para paliar esta problemática.

En este sentido, y al igual que ocurría con la piel grasa, es importante que los productos que utilicemos tengan las propiedades suficientes como para actuar desde las zonas más profundas de nuestra piel. De lo contrario, nunca podremos deshacernos de ella. 

Una buena manera de enfrentarnos a los problemas relacionados con la piel seca es la que hace referencia al uso de la leche limpiadora, que contenga un ph neutro, ácidos grasos y muchas vitaminas con las que nutrir a nuestra piel. 

 

Piel mixta

Es importante que tengas en cuenta que no todas las pieles son grasas o secas, sino que también las hay mixtas. No obstante, es precisamente este tipo de piel la que requiere más atención que ninguna otra, como consecuencia de los cuidados que se derivan de mantenerla en el mejor estado posible. 

En la limpieza se encuentra uno de los recursos más eficientes cuando se trata de atajar los problemas relacionados con este tipo de pieles. Los productos con los que afrontemos su limpieza no tienen que ser demasiado agresivos, con el objetivo de poder cuidar las zonas de nuestra piel que son más propensas a sufrir.

El cuidado de la piel cobra una especial importancia a lo largo de nuestra vida. No únicamente a nivel estético, sino también en lo relacionado con la salud de nuestro organismo. Por ello, identificar nuestro tipo de piel con el objetivo de poder protegerla de manera correcta es vital para nuestro organismo. ¿A qué estás esperando? Déjate asesorar por profesionales para aconsejarte qué producto es el más adecuado a tu tipo de piel.